
Suspense, terror, tensión, sentimientos. Todo esto y mucho más navega en una mar de letras con dos protagonistas al timón de la trama. Es precisamente la historia de los dos la que más me ha tocado, llegandola incluso a sentir muy cercana. Oscar Drai se cruza con Marina fruto de la osadia, el tedio y el sopor de unos días demasiado repetidos. Ambos viviran una aventura que les marcará más allá de su juventud.
Ambientada en Barcelona, nos hace pasear por casas señoriales sin luz y envueltas en las telarañas de un pasado mejor; por un teatro velado de espectáculo que ahora es refugio de la desdicha; y por un cementerio desde lo alto de su vaya a la luz del día y de la luna más angustiosa y oscura.
Recuerdo que la noche antes de tocar su fín, alguien me expresó el sentimiento que puede llegar a producir un libro al leerlo, tanto que acaba en lágrimas. Tiene que ser muy desgarrador el relato o ser una persona de excesiva sensibilidad para llegar a ello. Siempre he pensado que es más fácil que un libro te haga reir que llorar. Cuando sentí la última palabra impresa en mis ojos comprobé lo que me habían dicho. Jamás imaginé el desenlace. Y es que no siempre todo es previsible.
Inserto en la narración abundan frases cargadas de sentido y sensatez, que bien podrían formar un compendio en un sólo libro, además de servirnos y hacerlas nuestras para nuestro día a día. De todas, la más redundante, sólo recordamos lo que nunca sucedió....
Como dijo una blogera en su crítica, Marina es más que un nombre (...) un libro que resulta difícil de cerrar y que entristece al ser leido.